Domingo, 13 Diciembre 2015

Una reseña histórica sobre uno de los iconos de este destino turístico

iglesia

La corona de la parroquia de Guadalupe cumplió cincuenta años de haber sido inaugurada. Desde entonces, aquel 12 de diciembre de 1965, se convirtió en objeto de predilección de los visitantes, quienes han llevado sus fotografías al mundo entero como recuerdo de su estancia en Puerto Vallarta. Por eso se le considera,  con toda razón, como uno de nuestros principales atractivos turísticos.

El párroco Rafael Parra Castillo quiso rematar con un símbolo de la Virgen de Guadalupe la torre recién terminada y consideró que el más apropiado sería una corona, ya que las advocaciones finales de la letanía del rosario la alaban como reina. Mandó llamar entonces al escultor José Esteban Ramírez Guareño,  y le trazó su idea sobre el papel de un costal de cemento.

Para diseñar el encargo que le hizo el padre Parra, el maestro José Esteban tomó como referencias las coronas imperiales con que se honró en su basílica del Tepeyac a la Virgen de Guadalupe en 1895 y en 1945. La escultura qué el creó es, en efecto, una corona imperial formada por un cerquillo y un bonete con ocho gajos, cuyo ápice consta de una esfera culminada en una cruz.

El vaciado original de la corona se hizo entre 1963 y 1965 por el marmolista Emilio Campos, quien hizo en tierra las diferentes secciones utilizando concreto armado con varillas; estas secciones se armaron luego en su emplazamiento definitivo bajo la dirección del maestro albañil Lino Mercado y sus ayudantes. La cruz, la esfera y los anclajes de la corona y de los ángeles fueron obra de Esteban Ávalos Haro, quien anteriormente había forjado la herrería de las ventanas y del barandal que recorre el interior del templo.

Estos artesanos realizaron el proyecto  del maestro Ramírez Guareño según las posibilidades con que contaban en sus diferentes oficios. Así por ejemplo, los ángeles, en vez de sostener volando la corona, como quería el maestro Ramírez, lo hacen de pie, y continúan de esta manera la función constructiva de las columnas adosadas al segundo cuerpo del campanario.

La erosión y las intemperancias del tiempo obligaron a restaurar la corona en 1981, obra que promovió y encabezó Miguel Ángel Valdés Mora. Desafortunadamente, la erosión ya había dañado internamente las varillas que armaban el bonete, por lo que  el terremoto de 9 de octubre de 1995, dejó solamente los ángeles tenantes y el cerquillo.

Ya que la corona era un punto de atractivo universal para los turistas, las autoridades y los organismos empresariales apoyaron instalar un remiendo provisional en fibra de vidrio. El material empleado no resistió su propio peso y se venció, de manera que los gajos se deformaron, alterando el perfil y el volumen originales de la corona durante varios años.

Finalmente, a pesar de que el maestro José Esteban Ramírez Guareño dejó en la parroquia de Guadalupe dos maquetas en bronce de la corona, no se tomaron en cuenta para la realización del tercer vaciado de su obra,  terminado en 2009 por el maestro Carlos Terrés. Este tercer vaciado en “terroca”, que es el que ahora existe, también altera el perfil original de la corona, aunque menos que el remiendo anterior de fibra de vidrio.

Félix Fernando Baños es Premio “Luis L. Vallarta Ozagón” 2013

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *